¿Trampa para cazar palomas?

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La Comisión de la Verdad cree que la Fuerza Pública facilitó la toma del Palacio de Justicia, porque quería «cazar » al M-19, encerrarlo en un búnker y «cobrarle deudas pendientes». Su único argumento es el sorpresivo e inexplicable retiro del dispositivo especial de vigilancia (20 policías) que protegió el Palacio las semanas inmediatamente anteriores al asalto.

¿En qué medida el retiro de ese dispositivo precipitó la toma? Hubo y hay diversas respuestas. Álvaro Fayad, en ese entonces número uno del Eme, dio la suya: «nuestra decisión era inmodificable, con o sin vigilancia nos habríamos tomado el Palacio». Una guerrillera que hizo parte del comando de siete asaltantes que no pudo participar de la toma lo dijo con otras palabras: «sabíamos que nos tocaría sostener la primera confrontación militar con la escuadra de Policía que permanecía allí. El día anterior vimos que no estaban los loritos, como les decíamos, pero esperábamos que el día del asalto estuvieran, los teníamos vigilados, se la pasaban tomando tinto, la idea era poder reducirlos primero, y si no se lograba, chocar con ellos, con la seguridad de que saldríamos bien librados, porque la calidad de nuestras armas era muy superior a la de ellos».

Según Ramón Jimeno, «para el M-19 ninguna medida habría sido suficiente para desestimularlo (y para Fayad) los argumentos que sostienen que el Gobierno habría facilitado la toma al retirar la vigilancia eran de poco peso».
La fecha del asalto dependía de la que la Corte fijara para resolver los asuntos que interesaban a quienes habían financiado la operación, personas a las que nadie podía poner conejo. «Al momento de irrumpir el M-19, dice la Comisión de la Verdad, la sala constitucional estaba sesionando, estaba escuchando la lectura de la ponencia sobre cada una de las demandas contra la extradición». Conforme a testimonio que aparece en el libro de Virginia Vallejo, «ese día se estudiaban nuestras extradiciones y la evidencia contra nosotros era abrumadora».

Si el asalto hubiese sido fruto de una celada o encerrona, el operativo cumplido por la Fuerza Pública se hubiera preparado de manera detallada. No hubiese tenido los errores y equivocaciones que muchos anotan. La inteligencia, imaginación y astucia que sirvieron para montar la trampa, hubiesen servido también para concebir operativo ejemplar, que hubiera cubierto de honores a la Fuerza Pública con la liberación de los rehenes, la captura de los asaltantes, la recuperación del Palacio y el restablecimiento del orden público, sin haber perdido, como perdió, a once de sus hombres.

Por lo menos hubiese estudiado los planos del edificio y hecho recorrer sus instalaciones por quienes participarían en el operativo, nada de lo cual ocurrió. Hubiese «infiltrado», antes del asalto, gente suya en Palacio que en poco tiempo hubiera repelido el ataque. Hubiese «desbloqueado» la única puerta que le permitía acceder de la terraza al cuarto piso y que estaba herméticamente soldada el día de la toma. El Eme preparó milimétricamente el asalto durante seis meses. La Fuerza Pública, en ningún momento. Su operativo lo montó sobre la marcha, en medio del fragor de combates que se sucedían volcánica y vertiginosamente. Tal vez no sobre recordar que minutos antes del asalto el comandante del Ejército estuvo en el Palacio notificándose de unas providencias judiciales. Si los militares sabían lo que podría ocurrir en cualquier momento, ¿su comandante se hubiese expuesto de esa manera?

El Eme no ha creído el cuento de la trampa o celada: «nunca ha sido versión nuestra, nunca la hemos creído… si un ejército en cualquier parte del mundo sabe que se va a realizar una operación como esa, hace un operativo diferente. Por ejemplo, no ataca desde fuera, sino que se queda dentro con mucha gente armada y espera… pero esperar a que se metan unos guerrilleros con quinientas personas adentro, es absurdo…» (Petro). Esa teoría «no es mas que especulación» (Navarro).

La toma sorprendió a los cuerpos de seguridad. Fallaron sus servicios de inteligencia. Es el reproche que se les puede hacer. No que hayan procedido arteramente abriendo las puertas del Palacio a los asaltantes.

Por: Jaime Castro, El Tiempo

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