Injusticia penal militar, por Fernando Londoño

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Nadie defiende a los que nos defienden a todos.

El mamertismo criollo, que se pasa de vivo, invita para el 6 de marzo a una marcha a la que saldrá todo el ‘paramamertismo’ complaciente, que se pasa de idiota. Como la manifestación se hará contra los crímenes de Estado que ejecutan las Fuerzas Militares, vale la pena recordarlos. Por: Fernando Londono Hoyos – Fuente: El Tiempo- Febrero 29 2008

Jamundí. Diez policías desuniformados llegan a una casa, disparan contra ella y contra un grupo de soldados que en vísperas de elecciones defendían una zona de alto riesgo de eventuales ataques de la guerrilla. Los policías mueren y un año después, un juez ‘ordinario’ dicta una de las sentencias más contraevidentes y torpes de que se tenga noticia. Catorce jóvenes militares pasarán el resto de su vida en prisión.

Magdalena Medio. Trayendo mercancía prohibida de Venezuela a Medellín, unos contrabandistas tropiezan con paramilitares, a los que habían burlado antes en el pago de partijas, y son asesinados sin piedad. El Comandante de la Brigada del Ejército tiene que ser culpable. Los mamertos le apuntan al general Farouk Yanine Díaz, quien estaba en Bogotá como Comandante de la Escuela Militar de Cadetes. Pero no importa. Los denunciantes y sus familias se llenan de oro y la Patria, de dolor y de vergüenza.

Wilson Borja. Intentan asesinarlo en las calles de Bogotá. Uno de los delincuentes cae muerto en la persecución y se le encuentra un celular en el que aparece el teléfono de un mayor del Ejército, el más condecorado de los de su grado. Como sabe disparar, tuvo que ser el que comandó el atentado. A Wilson Borja le conviene y a los de su grupo político también, y al mayor lo condenan a morir en prisión. Pasan los años y los paramilitares que ejecutaron el crimen se desmovilizan y confiesan. Al mayor César Maldonado, ni lo conocían. A los paramilitares, que todo se les cree cuando acusan, no se les cree nada cuando sí dicen la verdad. El de Wilson Borja seguirá siendo crimen de Estado.

Chengue. Por San Onofre, la Policía ve pasar dos camiones cargados de bandidos. Son las 7 de la noche. Solo a las 12 cuenta lo que ha visto. La Infantería de Marina se despliega, cierra caminos y busca infructuosamente a los delincuentes. La tragedia ya se había consumado. El general Rodrigo Quiñónez, el teniente coronel Óscar Saavedra y el mayor Camilo Martínez son condenados por el Procurador al deshonor y a la muerte civil.

Santo Domingo. La Fuerza Aérea hace contacto con una columna de las Farc. La bombardea, la ametralla y produce sensibles bajas.
Los compinches de los muertos tienen tiempo de recuperar la escena y montarla a su antojo. Un juez, que no sabe qué es un helicóptero artillado, ni cómo se combate desde el aire, ni cómo se diferencia un ataque aéreo de una bomba en tierra, condena a nuestros hombres.

Coronel Mejía Gutiérrez. A este hombre le debe Colombia la recuperación del Cesar y de parte del Magdalena y la Guajira. Un sargento delincuente, que por supuesto anda libre, Edwin Guzmán Cárdenas, se dedica a acusar. Es el mejor negocio conocido. Y acusa al coronel, al Presidente de la República, al presidente de la Drummond y a varios políticos. Nadie le cree, pero la carrera del más brillante coronel del Ejército ha quedado trunca.

Palacio de Justicia. Financiado por Pablo Escobar, el M-19 asalta el Palacio de Justicia, asesina a una docena de magistrados y a un centenar de civiles. En acción heroica, el Ejército recupera el Palacio y salva la República. Otro crimen de Estado. Los del M-19 contestan a lista en el Congreso y el coronel Plazas languidece en prisión.

Y nos quedan faltando La Llorona, Arauca, los falsos positivos, Mapiripán y Cajamarca. Es la injusticia penal militar a plena marcha. El 6 de marzo celebrarán estas hazañas los amigos de las Farc, como es apenas natural. Y los nuevos idiotas útiles, los ‘paramamertos’, como es inevitable.

Fernando Londoño Hoyos

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