INOCENCIA CR PLAZAS, PUNTA DEL ICEBERG

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Libertad, libertad, libertad, gritaron los colombianos de bien, al saber de la sentencia de la Corte Suprema, que declaraba la inocencia del señor CoronelAlfonso Plazas Vega, que no es lo mismo que hacer justicia, porque como decía Séneca “Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía” y en el caso del señor Coronel, la injusticia es manifiesta, pues pasaron más de 30 años desde la fecha de la brutal toma del Palacio de Justicia por el M-19, aliado con Pablo Escobar, para que el proceso penal culminara con sentencia debidamente ejecutoriada. Treinta años sub judice, lo ponen en el libro Guinness de las injusticias planetarias, por encima incluso del capitán Alfred Dreyfus, declarado culpable del cargo de traición en 1894 y cuyo caso terminó felizmente cuando fuere rehabilitado en el año 1906, luego de lo cual se le concedió la Medalla de la Legión de Honor.

El caso recién fallado, es emblemático de una mala justicia; la magnitud de los vejámenes a los que fue sometido el señor coronel Alfonso Plazas Vega, caballero sin tacha, cuyo único crimen fue el de haber combatido a las organizaciones narcoterroristas, solo  es equiparable a la época de la inquisición, pues maltrataron a su familia y a el mismo cuando estaba enfermo; ni siquiera se le permitió acompañar los despojos mortales de su señor padre y se constituyó un verdadero cartel de falsos testigos en su contra. Se complotaron funcionarios venales  y abogados zascandiles cuya consigna fue, “Mientras van llegando las pruebas, condenen”. Se pretendió condenarlo por “desaparecidos” cuyos restos siempre estuvieron en manos de la fiscalía o en sitios conocidos por esta y a quienes nos atrevimos a defenderlo públicamente se nos abrieron procesos, como en mi propio caso cuando el Magistrado Alberto Poveda Perdomo, me sindicó de una supuesta calumnia en septiembre del año 2012, por un columna de opinión en éste mismo periódico, donde criticaba la sentencia de marras; causa que aún no arroja sus primeros resultados, porque en Colombia la justicia cojea y bastante.

El señor Coronel  pasará a la historia como el vencedor contra un sistema judicial corrupto, pero en fila vienen más de cuatro mil  militares procesados según la  temida “Unidad de Derechos Humanos” de la Fiscalía General de la Nación, muchos de ellos víctimas del Colectivo José Alvear, cuyos nexos con las Farc son bien conocidos y sin que pretendamos negar que existieron y es posible que aún existan, algunas manzanas podridas que pretendieron cobardemente hacer aparecer a humildes personas como narcoterroristas. El propio fiscal General encargado, va más allá cuando afirma ésta misma semana por twitter, que  “Más de 24400 agentes del estado podrían beneficiarse de la jurisdicción de paz”, es decir que estarán en manos de quienes designen desde la Habana, los nunca bien ponderados jurisconsultos de las Farc, que no solo pretenden llegar al Congreso sin el voto del populacho, sino que le quieren dar un revolcón a la “justicia colombiana”, donde seguramente campearan las teorías de Roxín.  Lo dicho, el caso del señor Coronel Alfonso Plazas Vega, es sólo la punta del iceberg. Dios nos coja confesados, cuando los nuevos magistrados de las Farc, luzcan orondos la toga, porque no quedará títere con cabeza. Un feliz día y mucha prosperidad.