Reestablecer la lucha contra las drogas

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Colombia no puede seguir siendo el jíbaro de la comunidad internacional. Los colombianos de bien no podemos seguir siendo vistos por los extranjeros de todas las nacionalidades como los que envenenan a la juventud del mundo. Tampoco podemos seguir envenenando a nuestros propios niños y jóvenes. La protección del actual gobierno al narcotráfico tiene que parar.

Y eso solo se podrá impidiendo que sus “ad lateres”, los que hicieron parte de estos dos cuatrienios, lleguen al poder, porque con seguridad seguirán en lo mismo. Ahora están negando su connivencia con las políticas de favorecimiento a los grandes capos de la cocaína. Como decía jocosamente el candidato presidencial más opcionado y conveniente al propósito de restablecer la lucha contra las drogas, Iván Duque, es como si Robin dijera que no ha trabajado con Batman. Ni un voto a quienes cohonestaron con la corrupción y el narco. Es cuestión de conciencia.

Colombia debe reanudar la lucha contra los cultivos ilícitos mediante aspersión aérea. Siendo Director de Estupefacientes tuve que atender una Acción Popular de ciudadanos del sur del país, en la cual se exigía al Estado suspender la aspersión con Glifosato, porque generaba daños a la salud de quienes eran alcanzados por el líquido lanzado desde los aviones. Una gran mentira que ya ha sido descartada científicamente. Las deformaciones de los chicos atribuidas al Glifosato y presentadas en fotografías, correspondían a los daños causados por la manipulación irresponsable del Permanganato de Potasio, el Ácido Sulfúrico y el Ácido Clorhídrico, es decir por los precursores de la preparación del clorhidrato de cocaína.

Al observar con cuidado la lista de los firmantes encontré el nombre de uno de los hoy candidatos a la Presidencia de la República, ex miembro de las Farc y luego del M-19, movimientos que se han financiado con el tráfico de las drogas para sostener el inmenso costo de sus centenares de terroristas. Los colombianos no logran dar crédito a lo que les hemos venido diciendo año tras año: sin los dólares del negocio de la droga, ningún grupo terrorista de izquierda ni las AUC, hubieran subsistido. O acabamos con la droga o la droga acaba con Colombia. Debemos conseguir que en nuestra geografía no quede ni una sola mata de coca. Léanlo bien: Ni una sola mata de coca.

Los barones de la droga ya no son ni Pablo Escobar, ni Rodríguez Gacha, ni los Rodríguez Orejuela, ni los Gaitán Cendales, ni “Rasguño”, o los hermanos “Comba” que apoyaron campañas políticas. No señores. Los actuales barones de la droga son peores, han exportado mas cocaína y cometido mucho mas crímenes: alias “Timochenko”, alias “Iván Márquez”, alias “El Paisa” y muchos más, a quienes este gobierno corrupto pretende poner a dedo como Congresistas. Ah, olvidaba a alias “Romaña”, que al igual que los más de 5.500 guerrilleros que estaban en las Zonas Veredales de Concentración, están de nuevo en sus áreas de siempre, manejando sus cocinas y laboratorios, sembrando el terror entre el campesinado desprotegido por la Fuerza Pública, y con la complicidad de ciertos medios de comunicación que ocultan los crímenes de las Farc para dar la sensación de una “paz” inexistente.

La Dirección Nacional de Estupefacientes, eliminada por este gobierno protector de los narcotraficantes, debe reactivarse, no como un organismo descentralizado adscrito a un Ministerio, sino como un Departamento Administrativo. Esto es, un Ministerio sin connotación política, eminentemente técnico. Es que los Departamentos Administrativos se diferencian de los Ministerios, aún teniendo su mismo nivel, porque estos últimos tienen connotación política y aquellos no. Ambos tipos de instituciones hacen gobierno. Eso no lo entiende el actual Presidente, cuya ignorancia en los asuntos del Estado la evidenciamos a cada instante, por eso politizó el DANE y con razones políticas acabó el DAS.

Ahora la Policía protege a los mayores exportadores de cocaína y los mayores asesinos de policías y soldados. No les queda otra alternativa cuando su jefe el gobierno, no personifica al primer soldado, ni al primer policía, sino al primer protector del narcotráfico de todos los tiempos en nuestra sufrida nación.

 

Por: Cr. (RA) Luis Alfonso Plazas Vega

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