¿Ahora viene la protección al ELN?

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El ELN inauguró su carrera criminal el 7 de enero de 1965, mediante el asalto a la población de Simacota, Santander, asesinando policías y civiles que nada les habían hecho a esos salvajes para merecer la muerte.

Asaltaron la Caja Agraria, en lo que ellos llaman “operaciones de financiación” y huyeron despavoridos cuando se aproximó el Ejército.

Había nacido otro engendro de terror planeado desde la isla de Cuba con ciertos dirigentes de cuello blanco en Colombia.

Un año después se presentó un lamentable episodio: el cura Camilo Torres, integrante de un movimiento comunista de sacerdotes ingresó a la guerrilla del ELN. También lo hicieron los curas españoles Domingo Lain, Diego Cristóbal Uribe Escobar y Manuel Pérez Martínez. Camilo Torres fue abatido por el Ejército cuando su cuadrilla emboscó, asesinó 6 soldados y las tropas reaccionaron a la emboscada en Patio Cemento, Santander, en febrero de 1966; Uribe Escobar, así como Laín, cayeron abatidos también por el Ejército, mientras que el cura Pérez fue el jefe máximo del ELN hasta su muerte, después de una penosa enfermedad.

Era la teología de la liberación convertida en derramamiento de sangre.
Después de ocho años de crímenes espantosos, fueron acorralados por el ejército en 1973, en el cañón del río Anorí, en Antioquia.

Más de 100 guerrilleros perdieron la vida en enfrentamientos con la Dirección estratégica del Coronel Álvaro Riveros Avella, Comandante de la Cuarta Brigada de Medellín, y el mando táctico y presencial sobre sus tropas del Coronel Hernán Hurtado Vallejo en el propio territorio de Anorí.

Los hermanos Manuel y Antonio Vásquez Castaño fueron dados de baja en combate; eran los hermanos del jefe máximo de ese movimiento terrorista, Fabio Vásquez Castaño. Cuando poco faltaba para que cayera este último, el Gobierno Nacional ordenó suspender la operación.

El gobierno facilitó el desplazamiento de Vásquez Castaño a la isla de Cuba, a petición de su amigo Fidel Castro. El general Álvaro Valencia Tovar manifestó su inconformidad con esas decisiones y antes de un año habría de ser retirado del servicio activo.

El ELN prácticamente quedó sin capacidad de combate. Sinembargo, en 1975 los asesinatos a mansalva que ellos denominan “ejecuciones”, se incrementaron, siendo el más publicitado el del general Ramón Arturo Rincón Quiñones, en Bogotá.

El baño de sangre de colombianos ocasionado por el ELN sólo fue superado por el M19 y las Farc. La profesión de sus integrantes siempre ha sido asesinar. Cuando ya no lo pueden hacer se dedican a la apología de los revolucionarios.

Tras la operación Anorí, y descontados los asesinatos aislados, el ELN desapareció de la escena criminal de la nación hasta 1981. Pero como los terroristas afiliados al comunismo internacional buscan enriquecerse a toda costa, el ELN reapareció en ese año con ocasión del descubrimiento de las enormes reservas petrolíferas en Caño Limón, Arauca. Petróleo que debería ser movido hasta un puerto de despacho para su exportación, y se escogió a Coveñas.

Nació así el oleoducto Caño Limón- Coveñas. Los “elenos” le exigieron a la empresa petrolera Mannesman enormes coimas para no atacar la infraestructura productiva. La Mannesman mordió el anzuelo. Empezó el enriquecimiento ilícito del nuevo ELN, con voladuras del oleoducto cada vez que no se satisfacían sus ambiciones económicas. La Mannesman se retiró, pero dejó millonarios a los terroristas.

Hay un partido político en Colombia llamado “Verde”, fundado por ex miembros del movimiento terrorista M19, con supuestas pretensiones de protección al medio ambiente. Nunca se manifiestan contra las voladuras del oleoducto por el ELN, ni se inmutan por el desastre ambiental que generan. Eso lo dice todo, sobre su realidad ideológica. No merecen un voto.

La lucha del Ejército contra el ELN, en especial durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, casi acaba con ese grupo terrorista. Me decía un oficial de inteligencia de la Policía en el año 2015, que a ese grupo le quedaban menos de 700 integrantes desde el 2010. Ahora, después de la “desmovilización de las Farc” y cuando han desaparecido de las 23 zonas veredales de concentración más de 5.000 ex guerrilleros de ese grupo que habían sido distribuidos en ellas, el ELN se reporta con más de 3,000 integrantes, incorporados de la noche a la mañana. Se comenta que son los antiguos miembros de las Farc que cambiaron de brazalete. Ahora están cometiendo todo tipo de actos terroristas, en procura de que el Gobierno Nacional les provea protección contra el Ejército Nacional y contra el pueblo colombiano que los detesta, en unos nuevos acuerdos que seguirán las mismas pautas que el proceso de protección al cartel de las Farc, más conocido como “Proceso de Paz”.

Colombia no soporta más mentiras, más trampas, más depredación del medio ambiente, más asesinatos de policías y soldados, ni más impunidad. Si el actual Gobierno reanuda los llamados diálogos con el ELN, se quedarían en la impunidad: el feroz genocidio cometido recientemente contra los policías en Barranquilla y los muchos más del llamado plan pistola. Y el actual Gobierno pasaría a la historia como cómplice de esta barbarie.

 

Por: Cr. (R) Luis Alfonso Plazas Vega

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