“¡Que viva el Centro Democrático, que viva Colombia!” cierre de campaña del Coronel

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Aun cuando hoy termina esta corta campaña política al Senado de la República, todavía nos faltan unos días para organizar la jornada electoral y el sistema de control para evitar que nos roben los votos que a nuestro favor depositen los colombianos. Y no descarto algunas reuniones pendientes y algunas visitas adicionales.

Este, el Salón Rojo del Hotel Tequendama, el salón más representativo de los magnos eventos de la política colombiana desde hace más de medio siglo, hoy está lleno. Lleno de personas de bien, lleno de patriotismo, lleno de ilusiones, lleno de esperanza. Y algo muy importante lleno de Dios.

Mi tema político empezó luego de los hechos del Palacio de Justicia.

El 6 y 7 de noviembre del año de 1985 las circunstancias para mí eran militares. Cumplí con mi deber. Ganamos una dura batalla, rescatamos 263 personas de las garras del M-19 que habían sido secuestradas en el asalto al Palacio de Justicia.

Luego del asalto al Palacio de Justicia las Cortes cambiaron la calidad de sus integrantes, en una buena proporción.

Con el pasar del tiempo los criminales que cometieron tamaña salvajada fueron indultados o amnistiados. A los militares no nos gustaba la decisión. Pero la aceptamos a regañadientes, aparentando comernos el cuento de que era en aras de la paz. En realidad era un Estado generoso y débil con sus propios verdugos, frente a unos criminales que aparentaban la defensa del pueblo cuando solo buscaban sus intereses personales inconfesables, para los cuales requerían establecer un régimen comunista como el de Cuba.

Luego de amnistiados, resultaron en el Congreso de la República. ¿Qué merito tenían? ¿A qué sector de la nación representaban? ¿De dónde acá el perdón judicial incluía su exaltación a las primeras dignidades de la República?

¿Quienes los llevaban al poder no veían que eso era una injusticia? Pues no. No era así. Quienes los llevaban al poder lo hacían porque estaban políticamente aliados con ellos. Era un plan calculado con una frialdad absoluta y una perversidad inimaginable.
El juego lo dirigía Cuba.

Con saco, corbata y cuello blanco, con liki lique en otros casos, cierto sector de la dirigencia colombiana movía las fichas del ajedrez político aliados con el terrorismo y el tráfico; de marihuana al comienzo y de cocaína mas tarde. El enemigo eran los EEUU y había que quitarle un aliado, como era Colombia, peligrosamente ubicado en la más ventajosa posición geopolítica del continente.

El tema del Palacio de Justicia no era sencillamente militar. Era político. No de la alta política, sino de la más ruin y criminal. Era la toma del poder.


Fue por eso que el 9 de abril de 1948, dirigidos por el joven Fidel Castro Rus, las hordas borrachas y armadas por los comunistas quemaron a Bogotá e incendiaron al país.

Fue por eso que las guerrillas del llano con su ideólogo José Alvear Restrepo quien se ahogó cuando cruzaba el río Meta huyendo del Ejército, incendiaron de nuevo al país entre los años 1951 y 1953. Los patitos navegaban en la sangre que corría decía el joropo llanero.

Por eso la creación por parte de Cuba y ciertos dirigentes colombianos, de las Farc en 1964, del ELN en 1965, del EPL en 1967, del M19 en 1974 y el baño de sangre, muerte, exterminio, destrucción de poblaciones, asaltos bancarios, genocidios, masacres, depredación del medio ambiente, violación de niñas y fusilamiento de niños durante más de medio siglo, que el gobierno de hoy califica eufemísticamente como: el Conflicto.

Cuál conflicto? Acaso no era el atropello sin fín al pueblo colombiano por unas bandas de forajidos que mediante la comisión de todos los delitos, llamados por ellos “ todas las formas de lucha”, han causado esta tragedia? Los castro-comunistas colombianos han causado, en esta orgía de sangre y droga de 54 años, más víctimas que todas las guerras civiles del siglo XIX juntas, y más víctimas que la guerra de Independencia de nuestra nación.

El aquelarre del comunismo, el socialismo, el narcotráfico, la corrupción y la delincuencia común amparada por los anteriores – lo que algunos se atreven a llamar ferrocarriles de la prosperidad- no han dejado que Colombia sea una nación grande en el concierto de las naciones.
Por eso el Holocausto del Palacio de Justicia, con 94 víctimas fatales generadas por el M19 en connivencia con los extraditables de los carteles de la droga, hoy declarado su delito como conexo con el político, evidencian la complicidad entre estos integrantes del crimen organizado y ciertos sectores de la política y la justicia. Todo lo anterior oculto por un sector de los medios de comunicación y por los profesores del sector público que enseñan una verdad amañada.

Por eso la acusación a quienes rescatamos 263 personas con vida y mantuvimos el Estado de Derecho por 32 años más, cuando el plan de los asaltantes del M19, era acabarlo ese 6 de noviembre de 1985 para implantar un régimen narco terrorista.

Treinta y dos años más que pueden acabarse definitivamente en los comicios de marzo y mayo de este año.

Lo que está en juego en Colombia, es todo. Está en juego la patria, el futuro de las nuevas generaciones.

Pero aún se puede salvar a Colombia pacíficamente mediante el voto popular. Colombianos es ahora o nunca!

A través de la campaña que hoy termina, hemos difundido unos propósitos que buscan la salud de la patria. Se trata de lo que presentaremos como proyectos de Ley y proyectos de Acto Legislativo, una vez que tengamos la curul del Senado de Colombia con el favor de Dios y los votos de todos ustedes.

Plantearemos la indispensable Reforma de la Rama Judicial, que no se centrará como de costumbre en el cambio de los códigos vigentes. Porque buenos o malos, los códigos serán interpretados y aplicados por abogados que pueden ser rectos o corruptos.
La reforma irá a conseguir prevalentemente la moralidad de los Fiscales, Jueces y Magistrados. La reforma tendrá que ser de fondo y empezará por exigir la calidad de los alumnos aspirantes a graduarse en las facultades de Derecho en todo el país. No pueden seguir otorgándose diplomas de abogado en pocos años, como suele suceder en algunas universidades. La profesión de abogado es de las más nobles y en esa forma debe tratársele.

No más jueces y magistrados entregando los procesos a su cargo para que sean resueltos por sus alumnos en las facultades de derecho. La tarea de administrar justicia no es delegable, y mucho menos a personas que aún no han reunido los requisitos para obtener el título de abogado. Tristemente eso está sucediendo en Colombia.

No más jueces tomando decisiones políticas en fallos judiciales. La más ruin de las corruptelas de los juzgadores es su politización.

No más abogados extranjeros formulando la política criminal del país. La Carta política colombiana establece con claridad que esa es una función de la Fiscalía General de la Nación. Pero esa norma ha sido vulnerada por este gobierno a través de los llamados “Acuerdos de Paz”, que son en realidad acuerdos para la protección del Crimen Organizado.

Es necesario establecer, al estilo de los países desarrollados, las audiencias en los juicios en las cuales el Juez no es el juzgador sino el Presidente de la Audiencia, que debe mantener el orden de la sala en medio de las controversias. Pero el juzgamiento corresponde a unos jueces de conciencia escogidos por su reconocida calidad moral. Personas comunes y corrientes, de cualquier profesión y oficio. Porque es que para ser justo no es necesario ser abogado, como lo he explicado reiteradamente en mis discursos. La justicia es una condición inherente al ser humano y es una virtud personal.

Las Altas Cortes deben ser rediseñadas, y desburocratizadas. Necesitamos jueces que trabajen, no que hagan política.

Tenemos en este salón una persona que es ejemplo como abogado, y que viene luchando desde hace muchos años por sacar a delante una reforma política que reencauce a Colombia mediante un ordenamiento jurídico que hoy ya no existe, porque el actual gobierno lo destruyó en su afán de cumplirle a Cuba y a las Farc. Ese jurista que nos dará las luces para una justicia es FERNANDO LONDOÑO HOYOS.

Y estamos proponiendo el restablecimiento de la lucha contra el narcotráfico que este gobierno suspendió. No más protección al cartel de las Farc.

Hay que restablecer la aspersión aérea sobre los cultivos ilícitos.

Hay que restablecer la interdicción militar a la exportación de cocaína.

Hay que hacer cumplir la Resolución de la Comisión de Estupefacientes de la ONU, que aprobó en abril de 2004 la ponencia que tuve el honor de presentar en la 43º sesión de dicha institución sobre el control de precursores químicos para la preparación del alcaloide.

Hay que extraditar a los capos del narcotráfico, responsables hoy en día del despacho de más toneladas métricas de cocaína que la que lograron exportar los barones de la droga del decenio de los 80, como Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha o los hermanos Rodríguez Orejuela. Han sido superados ampliamente por los narcotraficantes de las Farc, hoy viviendo a expensas de nuestros impuestos con la protección otorgada por este gobierno con el pretexto de la Paz.

Y algo fundamental: Vamos a acabar con la autorización de la dosis personal, que convirtió a Colombia en un país consumidor de droga. Yo le pido al Presidente Álvaro Uribe Vélez que me dé el honor de ser el ponente de ese proyecto de ley.

Y vamos a proponer al Congreso que se legalice la obligatoriedad de someter a tratamiento de desintoxicación y reeducación a las personas que han caído en la drogadicción. Esas personas no pueden seguir siendo sacadas a la fuerza de las ollas del narcotráfico, siendo tratadas como objetos que se trasladan de un lugar al otro como si fueran muebles desechables. No señor. Son seres humanos que merecen ser sometidos a un tratamiento. Son personas que además se convierten en foco de inseguridad, de delitos y de crímenes en el afán incontrolable de conseguir su dosis para drogarse cada día.

Vamos a presentar un proyecto de Ley de Defensa y Seguridad Nacional que no solo reitere y detalle la diferencia entre las funciones de militares y de policías. Pero sobre todo la exigencia de que quienes ejerzan el cargo de Ministros de Defensa, tengan conocimiento de esta delicada y complicada función de cualquier nación. Las experiencias que nos dejan algunos particulares que ejercen o han ejercido ese cargo con una evidente ignorancia, son lamentables, y en buena parte allí radica el estado de cosas a que hemos llegado en esta materia.

No podemos seguir manteniendo en el abandono una parte tan delicada de la Defensa Nacional como es la Defensa Civil. La gente a veces ni sabe cuál es la importante tarea de este importante organismo.

Y la cuarta propuesta tiene que ver con la liberación de tantos miles de militares y algunos policías, privados de la libertad como parte de lo que los comunistas llaman “Todas las formas de lucha”.

Presentaremos un proyecto de nuevo Código de Justicia Penal Militar, y buscaremos el restablecimiento del Fuero Penal Militar.

La campaña ha terminado.

Quiero agradecer a las personas que me han venido ayudando durante este esfuerzo político que ha sido denodado, aunque caracterizado por una austeridad poco corriente en este tipo de actividades.
• Fernando Londoño Hoyos y su equipo periodístico de la Hora de la Verdad
• Leonor Serrano de Camargo y sus colaboradores de las diferentes empresas que dirige.
• Adolfo Reyes con su familia y sus equipos empresariales de las varias disciplinas
• A Fernando Torres y Gustavo Roa Cuervo
• Al dr. Oscar Iván Zuluaga y a la empresa ACESCO.
• A los donantes de apoyos para esta tarea democrática.
La austeridad ha sido una característica de esta campaña. Los pocos pero muy significativos aportes han estado rubricados con la intención de recuperar a Colombia. Nunca ha habido una propuesta indecente ni una intención indebida.

Gratitud a mi equipo de campaña: el gerente Jaime Eduardo Hoyos al Contador Jaime Pérez y otras personas que han dedicado todo su tiempo y su esfuerzo en forma voluntaria y ad honorem.

Gracias a los candidatos a la Cámara de Representantes, que adicionalmente a su propio número están promoviendo mi número 48 del CD en el tarjetón del Senado.
• Samuel Hoyos con el # 103 en Bogotá,
• José Jaime Uscátegui con el # 108 en Bogotá
• Fernando Sánchez con el #106 en Cundinamarca
• Manuel Álvarez con el #102 en Boyacá
• Fabio Olmedo Palacio con el # 101 en el Quindío
• Hernán Cadavid con el # 104 en Antioquia
• Juan David Vélez candidato único del CD en el exterior.

Gracias a todas las personas que me organizaron reuniones en Bogotá, Cundinamarca, Boyacá y otros lugares en todo el país. Gracias a los centenares de asistentes a las reuniones que sacrificaron parte de sus actividades personales y profesionales para escuchar mis discursos y propuestas.

Gracias a los Jefes coordinadores en las diferentes Localidades de la capital de la República, hoy aquí presentes. Gracias a los centenares de ciudadanos que sirvieron como volanteadores, difundiendo también mi nombre, número y propuestas.

Gracias a los que sin estar yo presente, y muchas veces sin siquiera darme cuenta, están moviendo mi nombre y la voluntad popular en torno a él y a mis propuestas.

Gracias a mi esposa Thania quien ha venido trabajando en el tema electoral de mi campaña en los Estados Unidos.

Gracias a todos ustedes aquí presentes.

Esta ha sido una campaña austera y eficiente. Los resultados aquí evidentes lo demuestran. Queremos cambiar las costumbres políticas del país, y vamos a lograrlo. Esta ha sido una campaña sin compra de votos, sin ofrecimiento de puestos y sin promesas de contratación.
En forma inusual en las labores políticas encomendamos y consagramos nuestra a campaña a Nuestra Señora de Chiquinquirá, Patrona de Colombia. No mas santeros, no mas sectas satánicas, no mas curas comunistas. Necesitamos a Dios de nuevo en nuestros hogares, en nuestros colegios, en nuestros lugares de reunión, en todas partes.

Esta ha sido una campaña llena de patriotismo donde lo que estamos ofreciendo es nuestra mejor intención de luchar por construir una Colombia mejor y por reconstruir una nación desangrada por el terrorismo de las Farc, el ELN y el narcotráfico, con sus finanzas públicas destruidas y carcomidas por el narcotráfico y el latrocinio a las arcas del Estado. Una Colombia con mayor desarrollo en sus regiones, agobiadas por el exceso de centralismo en la Administración Pública.

Estas elecciones al Senado han sido calificadas por muchas personas como las primarias presidenciales en Colombia. Sin lugar a duda lo van a ser. Del resultado de cada partido este 11 de marzo, se podrá sacar una conclusión más transparente sobre esa actual situación borrosa y oscura, como se nos presentan las presidenciales que se llevarán a cabo en Mayo.

Lo que está en juego en este primer semestre electoral del 2018 no es si se va a legislar y a gobernar en una u otra manera dentro de una democracia en Colombia. Lo que está en juego es si en Colombia seguirá habiendo Democracia, o si por el contrario este se convertirá en un país dominado por una narco-dictadura de corte comunista Castro Chavista.

Doctor Fernando Londoño Hoyos, muchas gracias por todo. Dios que lo salvó milagrosamente del atentado pavoroso del que fue objeto el 15 de mayo del 2012 y en el que perdieron la vida sus leales escoltas, nos ayudará a diseñar una nueva Colombia como quienes estamos aquí la queremos. Como la quiere igualmente el 90 % o más de sus habitantes.

Con la ayuda de Dios y la de ustedes estaremos alcanzando este escaño. Pero será apenas uno de los muchos que son necesarios, para que con su orientación alcancemos el Futuro libre, la educación adecuada, la salud que nos merecemos, el trabajo que nos fortalece y enaltece, y la patria que los enemigos antes agazapados y ahora desenmascarados, nos han quitado.

Viva Fernando Londoño Hoyos

Viva Álvaro Uribe Vélez

Viva el Centro Democrático

Viva Colombia

Cr. Luis Alfonso Plazas Vega

Candidato al Senado

Número 48 por el Centro Democrático

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