“Carta al Coronel Luis Alfonso Plazas Vega” por Luisa Gómez Grisales

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Querido Coronel Plazas,

Yo nací en el año 1989, pero mis papás acababan de tener a su primera hija cuando ocurrió la retoma del Palacio de Justicia. Vivían en la calle 20 con carrera 3 y cuentan que desde el piso 20, se veía el humo que salía del recinto que se tomó el terrorismo del M-19. Crecí escuchando la verdad de una historia que me contó mi papá para que siempre tuviera claridad y no me lavaran el cerebro en ninguna parte, pues contar las cosas como son, es una manera de hacer justicia cuando la ley se ha llevado por delante a un inocente.

Coronel, mi papá no es militar pero yo siento que soy familia militar desde que descubrí que me duele el alma cuando veo las noticias, cuando escucho a alguien de mi generación contando la historia como no es y esta cruzada que cae en el absurdo, porque solamente en un país lleno de absurdos los héroes son perseguidos y los terroristas ensalzados.

Hoy le escribo esta carta con los ojos llenos de lágrimas, pero con el corazón intacto, lleno de fe y esperanza. Es usted un señor de virtudes, un Coronel de honores y un ejemplo de templanza, rectitud y lealtad a la patria.

Quiero decirle también que tiene a su lado a una mujer tan valiosa, tan digna y ejemplar, que ya entiendo la razón de su coraje en este empinado andar. Su esposa es mi modelo a seguir, el ejemplo de amor, fortaleza, perseverancia y lucha por la justicia sin perder de vista el norte, sin perder de vista la realidad y conservando siempre la fidelidad a los principios que construyen familia, país y sociedad aunque a veces parezca que Colombia es una tierra infecunda. El buen ejemplo debe imitarse y yo seguiré formando mi espíritu para ser tan valiente como ella.

Gracias a usted por conservar su dignidad aunque intenten acabarla a toda costa, gracias por su lealtad con el país y los colombianos, gracias por demostrar que el valor de un uniforme no lo dan las insignias, sino el temple del espíritu de aquel que lo ha portado.

Sepa que siempre lo admiraré y me comprometo a contar la historia a mis hijos, para que ellos la cuenten a mis nietos, como mi papá lo hizo conmigo. Sepa que en mí tiene una hija adoptiva, que estará apoyándolos a ustedes con oración y todo lo que haga falta.

Gracias Coronel, gracias porque si no fuera por usted, los jóvenes de mi generación no habrían sido testigos de ninguna democracia. Gracias porque mis padres pudieron dar una crianza a sus hijas en un país que tenía viva la esperanza, confiando en héroes entregados como el Coronel Plazas. Gracias por ser testimonio y fuerza que nos impulsa a seguir alzando la voz por una Colombia que quiere ser destruida, no lo vamos a defraudar.

Me despido, ya sin lágrimas en los ojos… me despido llena de esperanza y ganas de seguir trabajando por un país mejor y más justo.

Hasta pronto,

Luisa Gómez